SEIS LINEAS DE FUGA HACIA UNA ACTITUD URGENTE.
Por Marcelo Danza.
1- UNA ACTITUD COMO PROYECTO.
La ciudad informal nos plantea una realidad cuyas lógicas generativas son complejas y múltiples. Las herramientas del proyecto arquitectónico y urbano tradicional interactúan con relativa eficacia frente a los desafíos de la ciudad formal pero se tornan torpes e inoperantes ante esta nueva lógica. La inadecuación de los instrumentos utilizados ha frustrado los intentos de dominio del crecimiento urbano, realidad no siempre admitida desde planificadores y arquitectos.
La propuesta es plantear una conversación abierta, una agenda de temas a explorar cuyo objetivo no sea el lograr una formalización determinada, ni dominial, ni urbana, ni arquitectónica sino que más bien nos prepare positivamente para “ver”, “reconocer” e interactuar con otra realidad.
Pero ¿Qué es lo nuevo? No hay novedad en la ciudad y su lógica generativa, tampoco en sus crecimientos al margen de las viejas normas.
Lo nuevo, sin embargo, podría empezar por la redescripción que de ella hacemos, entendiendo a esta como la primer instancia de proyecto.
Buscamos una nueva descripción que defina más acertadamente nuestra ciudad contemporánea, que no imponga limites estrictos, que supere anacrónicas fronteras, una descripción abierta, que pueda reconocer más allá de las categorías históricas y que pueda inventar otras nuevas para aquello que no reconoce.
Territorio, parcela, predio, calle, plaza, barrio, comuna, casa, habitación, producción, saneamiento, ocupación del suelo, legal, ilegal.
¿Es que todo debe ser reducible a esta matriz?
¿Es que lo que está afuera de estos códigos solo puede continuar existiendo si es “regularizado” ?
¿Qué es entonces “regular”?
2- EL DUELO DEL CONTROL
La ciudad se genera en el tiempo, cada época aporta su fragmento y coloniza los anteriores, el territorio virgen es uno de esos fragmentos a cuidar, preservar o colonizar. Nuestra ciudad, la que aportamos en el siglo XXI es mayoritariamente la informal, la que crece y se expande incontroladamente al margen del dominio de los planificadores y arquitectos.
Los arquitectos sentimos fobia por todo lo que escapa a nuestro control. Si en la “naturaleza-natural” nada dominamos realmente, si las catástrofes climatológicas o el devenir orgánico están más allá de la voluntad humana, guardamos la íntima ilusión de poder dominar la “naturaleza-artificial”, aquella generada por nosotros mismos. Sobre esa base errónea basamos nuestros sistemas de transmisión y profundización del conocimiento, el que se legitima a sí mismo no reconociendo su falla original.
Hacemos aquellas preguntas para las cuales tenemos respuesta aceptada y negamos o evitamos las que escapan nuestro universo de frágiles certezas. El éxito o fracaso de la intervención arquitectónica se autolegitima en referencia a una serie de parámetros así determinados y no en su capacidad de interactuar positivamente con su externalidad.
Los parámetros estéticos están definidos en base a los sedimentos pacientemente generados por una cultura “culta”; como en cualquier arte los curadores y promotores culturales, por definición integrados al sistema, son los que otorgan credenciales válidas a las nuevas tendencias.
Los arquitectos tenemos la ilusión de controlar la lógica de la ciudad, sabemos de eso, para eso estudiamos largos años y se nos otorga un título habilitante para ejercer nuestra profesión. Los arquitectos, junto con otros técnicos, desplegamos las reglas de la ciudad cristalizadas en forma de normas urbanas, se dibuja en nuestra mente la ciudad ideal y la proyectamos sobre el territorio como si sólo con nuestra ilusión fuera suficiente. Nuestra ansiedad de estabilidad y equilibrio no está facultada para reconocer lo que se genera fuera de estos parámetros. No sabemos que pasará con nuestras vidas mañana pero ansiamos proyectar la ciudad que nos sobrevivirá y para la que seremos inevitablemente insignificantes.
Uno de los desafíos más trascendentes de la disciplina hoy es elaborar el duelo del control. Admitir definitivamente y con honestidad que el único modo de tener las cosas bajo control es asumir el “bajo control”, el control selectivo de aquellos elementos claves, mínimos, que permitan la libertad, lo impredecible e inesperado con naturalidad, sin conflictos ni situaciones traumáticas.
3- MIRAR EL TABLERO INVERSO
Los arquitectos jugamos nuestro juego, que después de todo, es bastante divertido. Muchas de las reglas las fijamos nosotros y la densa cultura urbana acumulada difundida y perpetuada por las instituciones vigilantes de la “buena educación”.
Alguien no sabe esto, juega en el mismo tablero y con las mismas reglas pero su practica es la inversa. Allí donde hay control social, político, económico o de cualquier otro tipo él lee un sólido denso e impenetrable. Es el tablero donde transcurre el tiempo oficial. Allí donde los márgenes del control se debilitan él lee un hueco colonizable, un espacio propicio para que discurra otra historia. Esos umbrales de control no son estables en el tiempo, muchas veces varían del día a la noche o del invierno al verano. Esto confiere al habitante del tablero inverso un nomadismo esencial.
El sólido lo determina lo policíaco, las normativas urbanas y las normas de la urbanidad. Los huecos son todo lo otro y en él aflora una ciudad paralela, la “ciudad del tablero inverso”, con su comercio callejero, sus casas inexistentes en el derecho urbano e inocultables en la realidad.
En el “tablero inverso” es donde crece la ciudad de nuestro tiempo. Más importante que estudiar una buena norma puede ser estudiar el hueco que esa norma deja, siendo conscientes que es allí y no dentro de sus márgenes donde crecerá la nueva ciudad. Quizás esos huecos sean factibles de ser previstos, prefigurados y proyectados
4- DEVELAR “LO OTRO”.
En este punto un par de ejemplos:
El holandés Rem Koolhaas es el más influyente arquitecto de hoy. Su actitud siempre ha estado orientada al estudio metódico de lo “indeseado” por la “buena educación” urbanística. Primero, en los setenta, se trasladó a Berlín pero no para estudiar la ciudad sino el muro, su insospechada capacidad de generar situaciones urbanas inéditas a partir de su construcción baja, espesa y simbólica. Fue más tarde, luego de la unificación alemana, uno de los pocos partidarios de no demoler el muro, de conservarlo como curioso objeto, única muralla del siglo XX de sus características. A mediados de los setenta, cuando la “alta cultura” arquitectónica sucumbía a la seducción de las ciudades históricas, armónicas y equilibradas, hurgó en el delirio y la diferencia como generador de la nueva forma urbana através de una ciudad radical en este aspecto: Nueva York. Actualmente investiga con un equipo de docentes y estudiantes de la Universidad de Harvard por intermedio de “The Harvard Proyect on the city” a las ciudades de crecimiento más descontrolado de Asia y Africa. En ellas explora especialmente en la extrema marginación, la ciudad indigente y la de la regulación más radical, la de la ley estricta del mercado y sus lógicas salvajes.
Su singular carrera profesional la ha fundado en el estudio, con pasión y rigor, de “lo otro”, lo aún no abordado por la cultura arquitectónica e inclusive lo censurado por esta como la estética kitch, el mal gusto o la pornografía.
Otro ejemplo, a esta altura más clásico quizás, es Le Corbusier. Aquel joven arquitecto suizo que a principios del siglo pasado se transformó en un activista de la arquitectura y pensador revolucionario. Allá por la década del veinte planteó a sus colegas contemporáneos explorar el mundo de la ingeniería, la construcción industrial, la estandarización, en definitiva todo aquello considerado como bastardo, indeseado o prohibido por las “Bellas Artes”. Le Corbusier transformó desde esta plataforma la mirada del fenómeno arquitectónico y cambió su práctica en el siglo veinte.
Se trata de mirar, estudiar, aprender con humildad científica de “lo otro” en la producción de arquitectura y ciudad contemporánea, no intentando disciplinarlo sino simplemente aprehendiéndolo para ampliar nuestros registros.
5- SORPRENDER A LO POLITICAMNETE ESPERABLE.
Los vínculos que tenemos con el proyecto urbano y arquitectónico están fuertemente influenciados por códigos político académicos predecibles. Si se es arquitecto y de izquierda es “políticamente esperable” una actitud de cierta desconfianza a la promoción inmobiliaria, una interpretación del mercado urbano como degradador de las calidades ambientales y la informalidad transparentemente representada por ejemplo en los asentamientos como una anomalía a ser corregida e integrada al sistema urbano a través de operaciones de regularización e intentos de recentramiento.
No deja de ser atractivo el pensar, para una época que quiere empezar con el siglo, en un arquitecto más libre de estos códigos, más incisivo, menos predecible, que se desaliñe, se adelante y sorprenda lo políticamente esperable. Un arquitecto aún más incomodo para la cultura conservadora porque no se ata a antiguos códigos por lo que interactúa más eficientemente con la externalidad, logrando cambios reales, progresos reales, un arquitecto preocupado en la constante redefinición de su disciplina, entregado a la búsqueda de nuevas herramientas y nuevas descripciones. Un arquitecto en definitiva, como dijeran los suizos Herzog y De Meuron: “más preocupado en descubrir que en defender”.
Quisiéramos llegar a una disciplina abierta al mundo, actualizada de los avances de la técnica y la cultura, sin fobias al norte y a la vez atenta, preocupada y entregada al hoy aquí y ahora. Ya no habría falsas antagonías entre el ser y el deber ser, la teoría y la práctica, la docencia y el ejercicio, el pensamiento y la acción.
6- OPTIMISMO Y RECONOCIMIENTO
Tengo que confesar un cierto optimismo sobre el florecimiento de esta otra actitud en algunos grupos intelectuales vinculados a la Facultad de Arquitectura y a algunas instituciones activas en la promoción cultural. La Mesa de Vivienda del Centro de Estudiantes de Arquitectura (C.E.D.A.) ha sido, hasta su disolución en el otoño de 2004, una incontenible promotora de este cambio de actitud. Del mismo modo el Centro de Cultura Española (C.C.E.) a través del evento “LAB 04, tres meses de arquitectura contemporánea Uruguay – España” y en especial gracias al empuje de Patricia Bentancour y la agudeza perceptiva de Sara de Tena dieron lugar en Noviembre de 2004 a la exposición “mientrastanto®” en el que el tema de los asentamientos es puesto en la mesa de disección, pero esta vez, en un evento histórico para la cultura arquitectónica local, desde una óptica inédita, ocupando un lugar inesperado e invitando a desencadenar la reflexión fresca y nueva. Los curadores de la exposición, los estudiantes de arquitectura y ex integrantes de la Mesa de Vivienda del C.E.D.A. Mariana Ures, Lucía Fernández, Gonzalo Bustillo, Pablo Bueno, y Valeria Esteves realizan con el montaje una propuesta ética y estética nueva y cuestionadora sobre la dimensión cultural, social y artística del tema. En la exposición se destaca con justicia el valioso trabajo del arquitecto José Luis Mazzeo quien hace ya tiempo viene desarrollando un certero aporte desde la arquitectura en su investigación de las eco-villas. En el mismo marco del LAB 04 y dentro del “Taller de Urbanismo Explosivo” la visita del arquitecto argentino radicado en Brasil Jorge Jáuregui planteó desde la práctica y desde un atrayente vínculo de la disciplina con el psicoanálisis un valioso testimonio en la construcción de esta nueva actitud sólidamente fundado en su trabajo en las favelas brasileras.
El arquitecto sevillano Santiago Cirujeda, también invitado a dirigir un Taller por el C.C.E. revolucionó, motivó e invitó a subvertir los códigos y las normativas urbanas estudiando sus fisuras, sus “lagunas legales”, fue en una de las visitas más estimulantes del ambiente arquitectónico local en los últimos años. Su postura, de las pocas realmente creativas y que se despegan del ambiente europeo contemporáneo, propone el estudio de la normativa urbana como la nueva naturaleza a colonizar, subvertir y develar. Su trabajo, conceptual y austero, renuncia al edificio como elemento autónomo, autoreferenciado, armónico y equilibrado y opta por interpretarlo como estructura abierta, cambiante, en evolución constante.
Proyecta sobre lo que antes llamáramos “tablero inverso” con una actitud como la que definimos, al igual que lo hacen los asentamientos y la cultura urbana informal, pero desde la legitimación que otorga su singular posición en la cultura arquitectónica europea.
1-6 – EN SÍNTESIS UNA FRASE:
Buscamos UNA ACTITUD COMO PROYECTO que elabore EL DUELO DEL CONTROL para lograr MIRAR EL TABLERO INVERSO, así DEVELAR “LO OTRO” y SORPRENDER A LO POLITICAMNETE ESPERABLE con OPTIMISMO Y RECONOCIMIENTO.
Arquitecto Marcelo Danza.
Montevideo, diciembre de 2004
1- UNA ACTITUD COMO PROYECTO.
La ciudad informal nos plantea una realidad cuyas lógicas generativas son complejas y múltiples. Las herramientas del proyecto arquitectónico y urbano tradicional interactúan con relativa eficacia frente a los desafíos de la ciudad formal pero se tornan torpes e inoperantes ante esta nueva lógica. La inadecuación de los instrumentos utilizados ha frustrado los intentos de dominio del crecimiento urbano, realidad no siempre admitida desde planificadores y arquitectos.
La propuesta es plantear una conversación abierta, una agenda de temas a explorar cuyo objetivo no sea el lograr una formalización determinada, ni dominial, ni urbana, ni arquitectónica sino que más bien nos prepare positivamente para “ver”, “reconocer” e interactuar con otra realidad.
Pero ¿Qué es lo nuevo? No hay novedad en la ciudad y su lógica generativa, tampoco en sus crecimientos al margen de las viejas normas.
Lo nuevo, sin embargo, podría empezar por la redescripción que de ella hacemos, entendiendo a esta como la primer instancia de proyecto.
Buscamos una nueva descripción que defina más acertadamente nuestra ciudad contemporánea, que no imponga limites estrictos, que supere anacrónicas fronteras, una descripción abierta, que pueda reconocer más allá de las categorías históricas y que pueda inventar otras nuevas para aquello que no reconoce.
Territorio, parcela, predio, calle, plaza, barrio, comuna, casa, habitación, producción, saneamiento, ocupación del suelo, legal, ilegal.
¿Es que todo debe ser reducible a esta matriz?
¿Es que lo que está afuera de estos códigos solo puede continuar existiendo si es “regularizado” ?
¿Qué es entonces “regular”?
2- EL DUELO DEL CONTROL
La ciudad se genera en el tiempo, cada época aporta su fragmento y coloniza los anteriores, el territorio virgen es uno de esos fragmentos a cuidar, preservar o colonizar. Nuestra ciudad, la que aportamos en el siglo XXI es mayoritariamente la informal, la que crece y se expande incontroladamente al margen del dominio de los planificadores y arquitectos.
Los arquitectos sentimos fobia por todo lo que escapa a nuestro control. Si en la “naturaleza-natural” nada dominamos realmente, si las catástrofes climatológicas o el devenir orgánico están más allá de la voluntad humana, guardamos la íntima ilusión de poder dominar la “naturaleza-artificial”, aquella generada por nosotros mismos. Sobre esa base errónea basamos nuestros sistemas de transmisión y profundización del conocimiento, el que se legitima a sí mismo no reconociendo su falla original.
Hacemos aquellas preguntas para las cuales tenemos respuesta aceptada y negamos o evitamos las que escapan nuestro universo de frágiles certezas. El éxito o fracaso de la intervención arquitectónica se autolegitima en referencia a una serie de parámetros así determinados y no en su capacidad de interactuar positivamente con su externalidad.
Los parámetros estéticos están definidos en base a los sedimentos pacientemente generados por una cultura “culta”; como en cualquier arte los curadores y promotores culturales, por definición integrados al sistema, son los que otorgan credenciales válidas a las nuevas tendencias.
Los arquitectos tenemos la ilusión de controlar la lógica de la ciudad, sabemos de eso, para eso estudiamos largos años y se nos otorga un título habilitante para ejercer nuestra profesión. Los arquitectos, junto con otros técnicos, desplegamos las reglas de la ciudad cristalizadas en forma de normas urbanas, se dibuja en nuestra mente la ciudad ideal y la proyectamos sobre el territorio como si sólo con nuestra ilusión fuera suficiente. Nuestra ansiedad de estabilidad y equilibrio no está facultada para reconocer lo que se genera fuera de estos parámetros. No sabemos que pasará con nuestras vidas mañana pero ansiamos proyectar la ciudad que nos sobrevivirá y para la que seremos inevitablemente insignificantes.
Uno de los desafíos más trascendentes de la disciplina hoy es elaborar el duelo del control. Admitir definitivamente y con honestidad que el único modo de tener las cosas bajo control es asumir el “bajo control”, el control selectivo de aquellos elementos claves, mínimos, que permitan la libertad, lo impredecible e inesperado con naturalidad, sin conflictos ni situaciones traumáticas.
3- MIRAR EL TABLERO INVERSO
Los arquitectos jugamos nuestro juego, que después de todo, es bastante divertido. Muchas de las reglas las fijamos nosotros y la densa cultura urbana acumulada difundida y perpetuada por las instituciones vigilantes de la “buena educación”.
Alguien no sabe esto, juega en el mismo tablero y con las mismas reglas pero su practica es la inversa. Allí donde hay control social, político, económico o de cualquier otro tipo él lee un sólido denso e impenetrable. Es el tablero donde transcurre el tiempo oficial. Allí donde los márgenes del control se debilitan él lee un hueco colonizable, un espacio propicio para que discurra otra historia. Esos umbrales de control no son estables en el tiempo, muchas veces varían del día a la noche o del invierno al verano. Esto confiere al habitante del tablero inverso un nomadismo esencial.
El sólido lo determina lo policíaco, las normativas urbanas y las normas de la urbanidad. Los huecos son todo lo otro y en él aflora una ciudad paralela, la “ciudad del tablero inverso”, con su comercio callejero, sus casas inexistentes en el derecho urbano e inocultables en la realidad.
En el “tablero inverso” es donde crece la ciudad de nuestro tiempo. Más importante que estudiar una buena norma puede ser estudiar el hueco que esa norma deja, siendo conscientes que es allí y no dentro de sus márgenes donde crecerá la nueva ciudad. Quizás esos huecos sean factibles de ser previstos, prefigurados y proyectados
4- DEVELAR “LO OTRO”.
En este punto un par de ejemplos:
El holandés Rem Koolhaas es el más influyente arquitecto de hoy. Su actitud siempre ha estado orientada al estudio metódico de lo “indeseado” por la “buena educación” urbanística. Primero, en los setenta, se trasladó a Berlín pero no para estudiar la ciudad sino el muro, su insospechada capacidad de generar situaciones urbanas inéditas a partir de su construcción baja, espesa y simbólica. Fue más tarde, luego de la unificación alemana, uno de los pocos partidarios de no demoler el muro, de conservarlo como curioso objeto, única muralla del siglo XX de sus características. A mediados de los setenta, cuando la “alta cultura” arquitectónica sucumbía a la seducción de las ciudades históricas, armónicas y equilibradas, hurgó en el delirio y la diferencia como generador de la nueva forma urbana através de una ciudad radical en este aspecto: Nueva York. Actualmente investiga con un equipo de docentes y estudiantes de la Universidad de Harvard por intermedio de “The Harvard Proyect on the city” a las ciudades de crecimiento más descontrolado de Asia y Africa. En ellas explora especialmente en la extrema marginación, la ciudad indigente y la de la regulación más radical, la de la ley estricta del mercado y sus lógicas salvajes.
Su singular carrera profesional la ha fundado en el estudio, con pasión y rigor, de “lo otro”, lo aún no abordado por la cultura arquitectónica e inclusive lo censurado por esta como la estética kitch, el mal gusto o la pornografía.
Otro ejemplo, a esta altura más clásico quizás, es Le Corbusier. Aquel joven arquitecto suizo que a principios del siglo pasado se transformó en un activista de la arquitectura y pensador revolucionario. Allá por la década del veinte planteó a sus colegas contemporáneos explorar el mundo de la ingeniería, la construcción industrial, la estandarización, en definitiva todo aquello considerado como bastardo, indeseado o prohibido por las “Bellas Artes”. Le Corbusier transformó desde esta plataforma la mirada del fenómeno arquitectónico y cambió su práctica en el siglo veinte.
Se trata de mirar, estudiar, aprender con humildad científica de “lo otro” en la producción de arquitectura y ciudad contemporánea, no intentando disciplinarlo sino simplemente aprehendiéndolo para ampliar nuestros registros.
5- SORPRENDER A LO POLITICAMNETE ESPERABLE.
Los vínculos que tenemos con el proyecto urbano y arquitectónico están fuertemente influenciados por códigos político académicos predecibles. Si se es arquitecto y de izquierda es “políticamente esperable” una actitud de cierta desconfianza a la promoción inmobiliaria, una interpretación del mercado urbano como degradador de las calidades ambientales y la informalidad transparentemente representada por ejemplo en los asentamientos como una anomalía a ser corregida e integrada al sistema urbano a través de operaciones de regularización e intentos de recentramiento.
No deja de ser atractivo el pensar, para una época que quiere empezar con el siglo, en un arquitecto más libre de estos códigos, más incisivo, menos predecible, que se desaliñe, se adelante y sorprenda lo políticamente esperable. Un arquitecto aún más incomodo para la cultura conservadora porque no se ata a antiguos códigos por lo que interactúa más eficientemente con la externalidad, logrando cambios reales, progresos reales, un arquitecto preocupado en la constante redefinición de su disciplina, entregado a la búsqueda de nuevas herramientas y nuevas descripciones. Un arquitecto en definitiva, como dijeran los suizos Herzog y De Meuron: “más preocupado en descubrir que en defender”.
Quisiéramos llegar a una disciplina abierta al mundo, actualizada de los avances de la técnica y la cultura, sin fobias al norte y a la vez atenta, preocupada y entregada al hoy aquí y ahora. Ya no habría falsas antagonías entre el ser y el deber ser, la teoría y la práctica, la docencia y el ejercicio, el pensamiento y la acción.
6- OPTIMISMO Y RECONOCIMIENTO
Tengo que confesar un cierto optimismo sobre el florecimiento de esta otra actitud en algunos grupos intelectuales vinculados a la Facultad de Arquitectura y a algunas instituciones activas en la promoción cultural. La Mesa de Vivienda del Centro de Estudiantes de Arquitectura (C.E.D.A.) ha sido, hasta su disolución en el otoño de 2004, una incontenible promotora de este cambio de actitud. Del mismo modo el Centro de Cultura Española (C.C.E.) a través del evento “LAB 04, tres meses de arquitectura contemporánea Uruguay – España” y en especial gracias al empuje de Patricia Bentancour y la agudeza perceptiva de Sara de Tena dieron lugar en Noviembre de 2004 a la exposición “mientrastanto®” en el que el tema de los asentamientos es puesto en la mesa de disección, pero esta vez, en un evento histórico para la cultura arquitectónica local, desde una óptica inédita, ocupando un lugar inesperado e invitando a desencadenar la reflexión fresca y nueva. Los curadores de la exposición, los estudiantes de arquitectura y ex integrantes de la Mesa de Vivienda del C.E.D.A. Mariana Ures, Lucía Fernández, Gonzalo Bustillo, Pablo Bueno, y Valeria Esteves realizan con el montaje una propuesta ética y estética nueva y cuestionadora sobre la dimensión cultural, social y artística del tema. En la exposición se destaca con justicia el valioso trabajo del arquitecto José Luis Mazzeo quien hace ya tiempo viene desarrollando un certero aporte desde la arquitectura en su investigación de las eco-villas. En el mismo marco del LAB 04 y dentro del “Taller de Urbanismo Explosivo” la visita del arquitecto argentino radicado en Brasil Jorge Jáuregui planteó desde la práctica y desde un atrayente vínculo de la disciplina con el psicoanálisis un valioso testimonio en la construcción de esta nueva actitud sólidamente fundado en su trabajo en las favelas brasileras.
El arquitecto sevillano Santiago Cirujeda, también invitado a dirigir un Taller por el C.C.E. revolucionó, motivó e invitó a subvertir los códigos y las normativas urbanas estudiando sus fisuras, sus “lagunas legales”, fue en una de las visitas más estimulantes del ambiente arquitectónico local en los últimos años. Su postura, de las pocas realmente creativas y que se despegan del ambiente europeo contemporáneo, propone el estudio de la normativa urbana como la nueva naturaleza a colonizar, subvertir y develar. Su trabajo, conceptual y austero, renuncia al edificio como elemento autónomo, autoreferenciado, armónico y equilibrado y opta por interpretarlo como estructura abierta, cambiante, en evolución constante.
Proyecta sobre lo que antes llamáramos “tablero inverso” con una actitud como la que definimos, al igual que lo hacen los asentamientos y la cultura urbana informal, pero desde la legitimación que otorga su singular posición en la cultura arquitectónica europea.
1-6 – EN SÍNTESIS UNA FRASE:
Buscamos UNA ACTITUD COMO PROYECTO que elabore EL DUELO DEL CONTROL para lograr MIRAR EL TABLERO INVERSO, así DEVELAR “LO OTRO” y SORPRENDER A LO POLITICAMNETE ESPERABLE con OPTIMISMO Y RECONOCIMIENTO.
Arquitecto Marcelo Danza.
Montevideo, diciembre de 2004

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