SOBRE LA CIUDAD QUE ES NECESARIO INCLUIR EN EL MAPA: el arquitecto como mapeador de conflictos
Por Arq. Jorge Mario Jáuregui
"El tema de la omisión de grandes zonas urbanas llamadas “informales”, necesariamente demanda un cruzamiento de miradas y enfoques, capaz de lanzar nueva luz sobre los problemas colocados y exigir nuevas formas de aproximación.
En la sociedad latinoamericana actual, atravesada por conflictos de no-reconocimiento entre sus diversas partes componentes, una primer tarea de un evento consiste en la reunión de las diferencias en torno de una mesa de explicitación de posiciones y eso en si mismo constituye una gran contribución para la búsqueda de soluciones.
El objetivo de generar un debate que apunte a reflexionar a corto, medio y largo plazo sobre la ciudad, su urbanidad y sus especificidades físicas y sociales, es sin duda un servicio relevante de "mientrastanto: prácticas de integración". Un aporte a la formación de una masa crítica como base para la toma de conciencia y de decisiones, sobre el devenir de la “urbis” y de la “cívitas”.
En un encuentro como este, cada disciplina puede hacer puntaciones y observaciones que exijan reposicionamentos en la forma de encarar los problemas actuales (las demandas más urgentes) y al mismo tiempo pensar su conexión desde una visión estratégica de la evolución de la metrópolis latinoamericana.
Desde las ciencias sociales se necesitan importantes observaciones sobre la necesidad de pensar la ciudad en su totalidad, señalando algunos síntomas actuales:
- La forma privativa de la urbanidad; el uso privado de espacios destinados normalmente al uso público (“urbanidad privativa”), lo que determina una “anticiudad”, con una sociabilidad vigilada.
- La presencia de una economía informal que también implica un uso privado del espacio público,
- La existencia de mecanismos de discontinuidad real y simbólicos, determina una configuración medievalista de ciudad; “nichos de urbanidad” obedeciendo a segregaciones socio-económico-culturales; una ciudad de murallas físicas y mentales que crea mapas imaginarios que operan barreras reales,
Y junto con eso la necesidad de construcción de una visión a corto y mediano plazo, capaz de provocar la movilización de los ciudadanos.
Desde un punto de vista complementario es necesario señar también la falta de claridad para identificar formas eficaces de actuar, relacionado con lo que no se quiere ver y reconocer, la incontrolabilidad del proceso de expansión de los cantegriles, que viene produciéndose desde hace décadas y que alcanza su culminación hoy cuando se alía al problema de la inseguridad del ciudadano.
En lo relativo a los asentamientos informales específicamente, la cuestión no es tanto de “inclusión” pues ellos ya “son” parte de la ciudad, se los reconozca o no. El problema consiste precisamente en reconocerles el derecho de participar de todos los beneficios de la urbanidad como el resto de los ciudadanos. Lo que exige transformar estas áreas incorporándoles calidad urbanística y arquitectónica, con todos sus servicios complementarios, obviamente. Es decir, exige “construir ciudad” para todos, inclusive para los que están “fuera del mapa”.
Para conseguir esto es necesario realizar la identificación de la estructura de cada lugar, con sus formas de ocupación territorial especificas, sus actuales centros de convivencia y la localización de los servicios e infraestructuras básicas. Señalando al mismo tiempo las carencias y potencialidades físicas junto con las características culturales y la especificidad de la mano de obra local.
Todo esto realizado simultáneamente con la “escucha” de las demandas, lo que implica articular condiciones objetivas y subjetivas ecuacionando demandas manifiestas y latentes que es necesario permitir que emerjan a través del diálogo. Diálogo que tiene inicio desde la primer visita al lugar y que debe continuar a lo largo del desarrollo de cada etapa de proyecto. Así, si inicialmente la participación de los habitantes del cantegril adquiere un carácter de interlocución, ayudando a definir el programa de intervenciones, con el desarrollo del proyecto se va profundizando y especificando hasta transformarse en acompañantes de la fiscalización durante la ejecución de las obras, y finalmente, en integrantes del centro de orientación urbanístico y social que debe ser creado en cada zona urbanizada, como agente regulador de la convivencia post obras.
Al igual que otras ciudades de América Latina, Montevideo, por sus condiciones geográfico-topográficas presenta en toda su área urbana un tejido que se encuentra mezclado entre la ciudad formal y la informal (si bien la mayor parte de los asentamientos se dan en la periferia). La creciente ocupación del territorio es un proceso de larga data, cuyo efecto multiplicador se torna evidente aún al más desatento observador. Sumado a esto hoy presenciamos un cuadro de creciente cuestionamiento de ciertas prácticas oriundas del Movimiento Moderno, relacionadas con el uso de fórmulas de ciudad apenas comprometidas con ideas de funcionalidad y economía.
Hoy es necesario pensar sobre todo en la calificación de los espacios de uso colectivo haciendo énfasis en la construcción de equipamientos comunitarios, invirtiendo la práctica recurrente de pensar la ciudad a partir del proyecto de modelos habitacionales seriales y autónomos. La demanda es por espacios de uso colectivo considerando sus flujos naturales, su capacidad de funcionar como lugares de encuentro como referencias para la vida cotidiana. La ciudad a ser trabajada pasa a ser aquella cuyo proceso de formación, y continua transformación, escapa al entendimiento convencional y a cualquier tentativa de sistematización.
Posee características estéticas y culturales muy particulares, en la escala de la residencia, de sus disposiciones espaciales y de asentamiento en el territorio, siendo de difícil aprehensión según referenciales académicos.
En este sentido implica un continuo esfuerzo de proyectar en la contra mano.
Este “espacio otro”, de existencia marginal, posee una lógica particular de ser , de movimiento y expresión. Como organismo urbano, la esfera privada es la que establece los vectores de las transformaciones y su configuración espacial marcadamente laberíntica. La esfera pública se resume a un espacio conectivo que simplemente acontece en los intersticios de los espacios privados, en las innumeras callejuelas siempre en transformación por el agregado de construcciones privadas.
Los asentamientos informales son una suma de lugares y atravesamiento de flujos en un contexto de intervenciones fragmentarias y contradictorias. Diferentes esferas del poder público se sobreponen sin coordinación, incapaces de producir efectos resubjetivizadores.
La elaboración del mapa de cada lugar se convierte en una tarea que combina la interpretación de signos con la significación de riesgos y conflictos, colocando en cuestión la propia noción institucional de ciudad.
Mapificar realidades móviles como la de los cantegriles exige identificar los factores estratégicos capaces de posibilitar evoluciones e interacciones. Por eso estos mapas se asemejan a diagramas, a ideogramas y simulaciones dinámicas, donde se fusionan relaciones, actividades y fuerzas que atraviesan el territorio. Mapas que comprimen informaciones estratégicas, capaces de describir potenciales. El mapa entendido como registro de conflictos cartografia el lugar para permitir su transformación. Es una simulación estática de procesos dinámicos que implica un diagnóstico capaz al mismo tiempo de leer, procesar, representar y sintetizar informaciones objetivas y subjetivas.
El concepto dualista operado por el par informal-formal tiende a perder significado. Una disputa de medidas cuantitativas y de análisis cualitativa de densidades y correlaciones, impide el ejercicio de la función social comunicativa propia del agenciamiento técnico-político del proyecto. Es de todo el Estado y de todo el territorio que habla esta parte de la ciudad que solo es escuchada como problema.
Que es lo que puede el arquitecto implicado y lanzado en este territorio de altas intensidades en proceso de desertificación cuanto al futuro?
Hoy existen mayores riesgos y amenazas al buscar desarrollar una conexión comunicativa con los habitantes.
El arquitecto trabaja en la ciudad informal por curvas y parábolas, por lógicas de desvío, por conexiones mas móviles y en espacios a veces impenetrables. La interpretación de la estructura del lugar también incluye espacios vacíos, zonas de silencios, espacios de conflicto en tanto territorios ocupados clandestinamente.
El trabajo en la ciudad informal implica el establecimiento de lineamientos generales para intervenciones por etapas. Tiene un carácter de planeamiento estratégico y prospectivo, buscando articular un conjunto de futuras intervenciones modificando la concepción mas restringida de diseño urbano.
Se trata de la elaboración de múltiples mapas disciplinarios que, a partir de su sobreposición, determinarán una serie de conexiones reales y potenciales, invisibles a simple vista. Es el proceso de mapeamiento que va tornando visibles las opacidades e invisibilidades de la trama de los lugares que definen la dinámica de esta territorialidad. Por eso debemos hablar de escala territorial de unidad compleja.
Así, en lugar de un urbanismo de Master Plan y de Normativa, lo que debemos buscar al pensar y actuar en la ciudad informal, con sentido de oportunidad, son alternativas guiadas por una lectura atenta de las condiciones locales y por la escucha de las demandas.
Desde el punto de vista de un arquitecto, es necesario identificar cuales son los puntos de inflexión o piezas que debemos conectar para permitir devenir ciudad a estas partes hoy excluidas de los beneficios de la urbanidad.
Sabemos que existen “lobbies” de intereses que ejercen fuerte presión sobre los municipios y deciden cuestiones fundamentales que van desde la forma de ocupación de terrenos hasta el valor del reajuste de pasajes de transporte colectivo.
Es todo un modelo excluyente que marginaliza de las decisiones al conjunto de la sociedad, el que debe ser transformado para ofrecer puntos de pasaje entre estos dos mundos."
Jorge Mario Jáuregui
Agosto de 2005
"El tema de la omisión de grandes zonas urbanas llamadas “informales”, necesariamente demanda un cruzamiento de miradas y enfoques, capaz de lanzar nueva luz sobre los problemas colocados y exigir nuevas formas de aproximación.
En la sociedad latinoamericana actual, atravesada por conflictos de no-reconocimiento entre sus diversas partes componentes, una primer tarea de un evento consiste en la reunión de las diferencias en torno de una mesa de explicitación de posiciones y eso en si mismo constituye una gran contribución para la búsqueda de soluciones.
El objetivo de generar un debate que apunte a reflexionar a corto, medio y largo plazo sobre la ciudad, su urbanidad y sus especificidades físicas y sociales, es sin duda un servicio relevante de "mientrastanto: prácticas de integración". Un aporte a la formación de una masa crítica como base para la toma de conciencia y de decisiones, sobre el devenir de la “urbis” y de la “cívitas”.
En un encuentro como este, cada disciplina puede hacer puntaciones y observaciones que exijan reposicionamentos en la forma de encarar los problemas actuales (las demandas más urgentes) y al mismo tiempo pensar su conexión desde una visión estratégica de la evolución de la metrópolis latinoamericana.
Desde las ciencias sociales se necesitan importantes observaciones sobre la necesidad de pensar la ciudad en su totalidad, señalando algunos síntomas actuales:
- La forma privativa de la urbanidad; el uso privado de espacios destinados normalmente al uso público (“urbanidad privativa”), lo que determina una “anticiudad”, con una sociabilidad vigilada.
- La presencia de una economía informal que también implica un uso privado del espacio público,
- La existencia de mecanismos de discontinuidad real y simbólicos, determina una configuración medievalista de ciudad; “nichos de urbanidad” obedeciendo a segregaciones socio-económico-culturales; una ciudad de murallas físicas y mentales que crea mapas imaginarios que operan barreras reales,
Y junto con eso la necesidad de construcción de una visión a corto y mediano plazo, capaz de provocar la movilización de los ciudadanos.
Desde un punto de vista complementario es necesario señar también la falta de claridad para identificar formas eficaces de actuar, relacionado con lo que no se quiere ver y reconocer, la incontrolabilidad del proceso de expansión de los cantegriles, que viene produciéndose desde hace décadas y que alcanza su culminación hoy cuando se alía al problema de la inseguridad del ciudadano.
En lo relativo a los asentamientos informales específicamente, la cuestión no es tanto de “inclusión” pues ellos ya “son” parte de la ciudad, se los reconozca o no. El problema consiste precisamente en reconocerles el derecho de participar de todos los beneficios de la urbanidad como el resto de los ciudadanos. Lo que exige transformar estas áreas incorporándoles calidad urbanística y arquitectónica, con todos sus servicios complementarios, obviamente. Es decir, exige “construir ciudad” para todos, inclusive para los que están “fuera del mapa”.
Para conseguir esto es necesario realizar la identificación de la estructura de cada lugar, con sus formas de ocupación territorial especificas, sus actuales centros de convivencia y la localización de los servicios e infraestructuras básicas. Señalando al mismo tiempo las carencias y potencialidades físicas junto con las características culturales y la especificidad de la mano de obra local.
Todo esto realizado simultáneamente con la “escucha” de las demandas, lo que implica articular condiciones objetivas y subjetivas ecuacionando demandas manifiestas y latentes que es necesario permitir que emerjan a través del diálogo. Diálogo que tiene inicio desde la primer visita al lugar y que debe continuar a lo largo del desarrollo de cada etapa de proyecto. Así, si inicialmente la participación de los habitantes del cantegril adquiere un carácter de interlocución, ayudando a definir el programa de intervenciones, con el desarrollo del proyecto se va profundizando y especificando hasta transformarse en acompañantes de la fiscalización durante la ejecución de las obras, y finalmente, en integrantes del centro de orientación urbanístico y social que debe ser creado en cada zona urbanizada, como agente regulador de la convivencia post obras.
Al igual que otras ciudades de América Latina, Montevideo, por sus condiciones geográfico-topográficas presenta en toda su área urbana un tejido que se encuentra mezclado entre la ciudad formal y la informal (si bien la mayor parte de los asentamientos se dan en la periferia). La creciente ocupación del territorio es un proceso de larga data, cuyo efecto multiplicador se torna evidente aún al más desatento observador. Sumado a esto hoy presenciamos un cuadro de creciente cuestionamiento de ciertas prácticas oriundas del Movimiento Moderno, relacionadas con el uso de fórmulas de ciudad apenas comprometidas con ideas de funcionalidad y economía.
Hoy es necesario pensar sobre todo en la calificación de los espacios de uso colectivo haciendo énfasis en la construcción de equipamientos comunitarios, invirtiendo la práctica recurrente de pensar la ciudad a partir del proyecto de modelos habitacionales seriales y autónomos. La demanda es por espacios de uso colectivo considerando sus flujos naturales, su capacidad de funcionar como lugares de encuentro como referencias para la vida cotidiana. La ciudad a ser trabajada pasa a ser aquella cuyo proceso de formación, y continua transformación, escapa al entendimiento convencional y a cualquier tentativa de sistematización.
Posee características estéticas y culturales muy particulares, en la escala de la residencia, de sus disposiciones espaciales y de asentamiento en el territorio, siendo de difícil aprehensión según referenciales académicos.
En este sentido implica un continuo esfuerzo de proyectar en la contra mano.
Este “espacio otro”, de existencia marginal, posee una lógica particular de ser , de movimiento y expresión. Como organismo urbano, la esfera privada es la que establece los vectores de las transformaciones y su configuración espacial marcadamente laberíntica. La esfera pública se resume a un espacio conectivo que simplemente acontece en los intersticios de los espacios privados, en las innumeras callejuelas siempre en transformación por el agregado de construcciones privadas.
Los asentamientos informales son una suma de lugares y atravesamiento de flujos en un contexto de intervenciones fragmentarias y contradictorias. Diferentes esferas del poder público se sobreponen sin coordinación, incapaces de producir efectos resubjetivizadores.
La elaboración del mapa de cada lugar se convierte en una tarea que combina la interpretación de signos con la significación de riesgos y conflictos, colocando en cuestión la propia noción institucional de ciudad.
Mapificar realidades móviles como la de los cantegriles exige identificar los factores estratégicos capaces de posibilitar evoluciones e interacciones. Por eso estos mapas se asemejan a diagramas, a ideogramas y simulaciones dinámicas, donde se fusionan relaciones, actividades y fuerzas que atraviesan el territorio. Mapas que comprimen informaciones estratégicas, capaces de describir potenciales. El mapa entendido como registro de conflictos cartografia el lugar para permitir su transformación. Es una simulación estática de procesos dinámicos que implica un diagnóstico capaz al mismo tiempo de leer, procesar, representar y sintetizar informaciones objetivas y subjetivas.
El concepto dualista operado por el par informal-formal tiende a perder significado. Una disputa de medidas cuantitativas y de análisis cualitativa de densidades y correlaciones, impide el ejercicio de la función social comunicativa propia del agenciamiento técnico-político del proyecto. Es de todo el Estado y de todo el territorio que habla esta parte de la ciudad que solo es escuchada como problema.
Que es lo que puede el arquitecto implicado y lanzado en este territorio de altas intensidades en proceso de desertificación cuanto al futuro?
Hoy existen mayores riesgos y amenazas al buscar desarrollar una conexión comunicativa con los habitantes.
El arquitecto trabaja en la ciudad informal por curvas y parábolas, por lógicas de desvío, por conexiones mas móviles y en espacios a veces impenetrables. La interpretación de la estructura del lugar también incluye espacios vacíos, zonas de silencios, espacios de conflicto en tanto territorios ocupados clandestinamente.
El trabajo en la ciudad informal implica el establecimiento de lineamientos generales para intervenciones por etapas. Tiene un carácter de planeamiento estratégico y prospectivo, buscando articular un conjunto de futuras intervenciones modificando la concepción mas restringida de diseño urbano.
Se trata de la elaboración de múltiples mapas disciplinarios que, a partir de su sobreposición, determinarán una serie de conexiones reales y potenciales, invisibles a simple vista. Es el proceso de mapeamiento que va tornando visibles las opacidades e invisibilidades de la trama de los lugares que definen la dinámica de esta territorialidad. Por eso debemos hablar de escala territorial de unidad compleja.
Así, en lugar de un urbanismo de Master Plan y de Normativa, lo que debemos buscar al pensar y actuar en la ciudad informal, con sentido de oportunidad, son alternativas guiadas por una lectura atenta de las condiciones locales y por la escucha de las demandas.
Desde el punto de vista de un arquitecto, es necesario identificar cuales son los puntos de inflexión o piezas que debemos conectar para permitir devenir ciudad a estas partes hoy excluidas de los beneficios de la urbanidad.
Sabemos que existen “lobbies” de intereses que ejercen fuerte presión sobre los municipios y deciden cuestiones fundamentales que van desde la forma de ocupación de terrenos hasta el valor del reajuste de pasajes de transporte colectivo.
Es todo un modelo excluyente que marginaliza de las decisiones al conjunto de la sociedad, el que debe ser transformado para ofrecer puntos de pasaje entre estos dos mundos."
Jorge Mario Jáuregui
Agosto de 2005

4 Comments:
Hola a tod@s desde Santiago, Chile...Soy uruguaya, trabajadora social y estudiante de una maestría en Estudios Sociales y políticos latinoamericanos...
Estoy en proceso de elaboración de mi tesis de maestría, donde me oriento a investigar las ideas de ciudad que, explícita o implícitamente están presentes en los textos y documentos gubernamentales que tratan temas urbanos. En Santiago, en particular, es muy compleja la trama institucional con incidencia sobre el territorio urbano, por lo que me he tenido que hacer cargo de una complejidad y variedad mayor a la que en un principio creí.
Esta breve introducción, para que se entienda porqué me gustaría comentar el artículo de Jáuregui. En realidad quiero compartir las inquietudes que me generó.
Estando involucrada ahora con los discursos y narrativas gubernamentales sobre la ciudad, me preguntaba cómo esta propuesta de "mapeo de conflictos" podría ser incorporada como herramienta de planificación y gestión urbana. Muchos me dirán, quizá, que no está pensada o imaginada para su aplicación desde lo público estatal. O que no se concibe como una propuesta con implicancias prácticas, pero yo creo que sí, aunque no podría profundizar todavía en el cómo.
Algunos de los argumentos que Jáuregui expone, me remiten a cuestiones que caracterizan específicamente, aunque no exclusivamente, a la actuación público estatal sobre la ciudad, entre ellas la necesidad de considerar el conjunto urbano (podríamos pensar que el "privado", en términos muy generales, imagina y concibe un urbanismo por partes; por favor, entiéndase en términos muy generales).
Señala el autor: "Es de todo el Estado y de todo el territorio que habla esa parte de la ciudad que solo es escuchada como problema". Existe un reconocimiento muy claro de las implicancias sobre el conjunto que tiene la realidad de la ciudad "informal" (y que, obvio es, no se remite a la tan mentada y difundida problemática de la seguridad ciudadana como nos quieren hacer creer)
Esta apuesta por el conjunto, por la totalidad urbana, creo que es lo que da sustento a una apuesta por "mapear los conflictos", ya que enfoca un aspecto sociopolítico clave en un ámbito que, en general, ha estado dominado por una visión tecnicista y apolítica, como si las soluciones propuestas estuvieran protegidas a toda prueba por un supuesto velo de neutralidad.
Por eso me inquieta, en el buen sentido -el de animarme a participar en una discusión- que arquitectos y urbanistas estén hincándole el diente al conflicto urbano y a la cuestión sociopolítica que supone "hacer ciudad".
Ciertamente me gustaría leer más sobre esta propuesta de "mapear conflictos".
Esperando haber sido clara en mi exposición, aprovecho para saludarles y felicitarlos por la iniciativa...
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